Sting & Shaggy: no es casualidad, sino sincronicidad

La alianza musical pasó por Chile

Martes 23 de octubre, 2018
Movistar Arena

“Coincidencia temporal de dos o más sucesos relacionados entre sí de una manera no causal”. Así definió Carl Jung a la sincronicidad, concepto que, además, constituye el título de uno de los discos más importantes de The Police. Y probablemente es el que mejor resume la unión entre Sting y Shaggy, porque la primera interrogante que surgió –al menos para mí– ante la posibilidad de este concierto fue, "¿qué tienen que ver ambos?" "¿Acaso un nuevo experimento tipo Metallica con Lou Reed?". Pues aquí los resultados son mucho más satisfactorios. Porque, aunque es imposible establecer un paralelo entre ambas carreras –en calidad y cantidad– el espectáculo en conjunto resulta curioso, pero entretenido y sólido.

Como es lógico, el anfitrión de la velada fue el incombustible Gordon Matthew Sumner. Con más de cuatro décadas de carrera, la calidad musical de Sting (como cantante e instrumentista) se mantiene intacta, no defraudó en ningún momento. Y evidentemente, el hombre no se queda en la zona de confort y se arriesga con experimentos, como esta aventura con Shaggy, quien, aunque a ratos parecía más bien un mero animador del público, no dejó de sorprender con un excelente dominio escénico y una conexión permanente con la audiencia. Mención especial para la banda, cohesionada y con un sonido fenomenal, donde particularmente se destacó el guitarrista Dominic Miller (compañero de Sting por años), el baterista Josh Freese (excelente sucesor de Stewart Copeland en los temas de The Police) y la corista Monique Musique, con una voz impresionante que la transformó en una de las protagonistas del show.

Acerca de las canciones: más de 20 temas, en un equilibrio adecuado entre los clásicos de Sting, los guiños a su histórica banda, los éxitos de Shaggy y las composiciones que forman parte de "44/ 876", el álbum colaborativo de ambos, lanzado este año. En el último caso, las mejores interpretaciones fueron 'Waiting for the Break of Day' (con un espectacular solo de Monique Musique), 'Crooked Tree' (que contempló una escena donde Sting era el preso y Shaggy el juez…aunque en realidad, con la peluca se parecía a Rick James) y el single 'Don’t Make Me Wait', que definitivamente crece cada vez que uno la escucha.

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En lo relativo a las visitas al pasado: es impresionante lo que genera en el público chileno las canciones de The Police, la euforia fue total en obras como 'So Lonely', 'Walking on the Moon' (con una cita a 'Get Up Stand Up', de Marley), 'Every Little Thing She Does Is Magic' (la mejor de todas…tremenda versión) y 'Message in a Bottle'. Evidentemente algo quedó de esa legendaria visita a Viña del Mar en 1982. Acerca de los temas clásicos de Sting, donde mejor funciona la sociedad es en obras con más ritmo, como 'If You Love Somebody Set Them Free', 'Love is The Seventh Wave' o la apertura con 'Englishman In New York'… perdón, 'Jamaican in New York', según la adaptación especial para esta ocasión. Por cierto, composiciones como 'Shape of My Heart' y 'Fragile', con el paso del tiempo, alcanzan dimensiones enormes. Y en cuanto a Shaggy, un viaje en el tiempo, con 'Angel', 'It Wasn’t Me' o 'Hey Sexy Lady' son emblemas de su catálogo. Y ni hablar de 'Boombastic', con Sting tocando la línea de bajo. ¿Bizarro? Sí, definitivamente.

Quizás para muchos esta alianza musical no sea más que una anécdota. Pero en mi opinión, prefiero calificarla como un experimento, llamativo, que tiene momentos con excelentes resultados y otros francamente extraños. Bueno, pero no nos sorprendamos: el mismo Sting hace más de 30 años se autodefinió como un alien . Pero un alien legal.

Emilio Garrido R.
Fotos: Peter Haupt Hillock

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