THE RITE OF STRINGS: STANLEY CLARKE, AL DI MEOLA Y JEAN-LUC PONTY

Cuando las cuerdas aterrizaron en la noche santiaguina

Teatro Caupolicán
29 de noviembre de 2007

Hace poco que nuestro país se está volviendo un asiduo en lo que a conciertos de categoría internacional se refiere. Es más, diría que sólo hace un par de años que nuestro terruño es considerado un puerto permanente para la llegada de grandes músicos, y claro está, el mundo del jazz no ha sido la excepción.

En menos de dos años, los tres nombres de la noche del 29 de noviembre ya habían estado en Santiago, demostrando todas sus credenciales. En el caso de Jean-Luc Ponty, el escenario fue el del Festival Internacional de Jazz de Providencia, en su versión 2006; ese mismo año, aunque en el segundo semestre, Stanley Clarke nos deleitaba con todo su despliegue en el Teatro Oriente. Al DiMeola, por su parte, nos mostraba su nuevo trabajo en el marco de la versión de este año del evento jazzero de Providencia.

Asimismo, los tres monstruos llegaban con trabajos recién editados. Pero no es de esto a lo que se refiere el siguiente comentario. La reunión de estos grandes músicos, todos parte fundamental de la renovación del jazz en la década del setenta, se dio recién en 1995 y ahora se muestra en nuestro país. Un combo acústico como ninguno, en el que el nombre de “Rite of Strings” calza perfecto para dejar en claro que esto es, más que ninguna otra situación relacionada con los egos, una verdadera celebración de la música.

Un Teatro Caupolicán al tope recibió al trío con una ovación monumental. Jóvenes, adultos más entrados en años, ancianos, melómanos y no tanto disfrutaron de dos horas monumentales, en las que quedaron demostradas nuevamente todas las credenciales de Clarke, Ponty y DiMeola, los que dieron una clase magistral de cómo un conjunto debe sonar: limpio, fresco, sin disputas y sólo al servicio de la pasión por la música.

La cita comenzó un poco pasado de las nueve aunque eso poco importó. Al momento de mostrarse en el escenario, sin siquiera tocar, los tres grandes ya se habían ganado por completo a la audiencia, que no hizo más que aplaudir a rabiar y, cuando sonaron los primeros fraseos de ‘Indigo’, se sumió en un silencio sepulcral que sólo fue interrumpido por las ovaciones a los solos de Al DiMeola y Jean-Luc Ponty.

Fue una versión memorable. La musicalidad desarrollada por estos tres gigantes del jazz fue, por tratar de describirla, perfecta. El violín de Ponty se escuchó solidísimo, mientras que la destreza y agilidad de DiMeola en la guitarra harían palidecer a cualquier guitarrista actual. Y Clarke, un cañón, siendo el soporte rítmico permanente con su contrabajo, al que tocaba con arco o con sus dedos. Todo un virtuoso.

Y quizás esa deba ser una de las características que une a los tres instrumentistas y compositores: el virtuosismo. Si no, no hay otra manera de explicar la algarabía que provocó ese gran homenaje a John Coltrane, ‘Song to John’, de autoría de Stanley Clarke. Un Ponty que, en ocasiones, conjuró al mismísimo “Train” en más de una ocasión con sus fraseos en el violín, mientras un aguerrido Di Meola, generoso en acordes y escalas, mostró toda su pasión por la música de este mundo en un solo increíble.

Cuando Stanley Clarke, que siempre juega de local cuando visita nuestro país, dijo presente con su respectivo solo, la maestría del gran bajista dejó al público de una pieza. Y es que sin duda que esta presentación de él, no tan saturada como en su anterior visita, dio mayores detalles y una sonoridad prístina y bella, que acompañó de gran forma el desarrollo de este verdadero clásico.

En este punto, Clarke tomó la palabra para, por supuesto, agradecer a la audiencia del Teatro Caupolicán, además de recalcar su vínculo con nuestro país al contraer nupcias con la hija de Antonio Prieto, quien estaba presente y saludo al público. Tras unos minutos, en los que la risa y la buena onda de Clarke contagiaron al respetable, el trío comenzó una espléndida versión de ‘Memory Canyon’, de Ponty, la que estuvo marcada con un DiMeola jugando a tocar temas de Led Zeppelin en el inicio, lo que obtuvo la aprobación general.

Pasado este gran momento, fue turno para que Clarke y Ponty quedaran en el escenario y, con mucho juego con el público, dieran paso a una excelente versión de ‘Confirmation’, un clásico del enorme Charlie “Bird” Parker. Ponty literalmente reprodujo sonidos del maestro en su violín y Clarke, con arco y con sus dedos, nuevamente demostró ser uno de los mejores; después vendrían los solos de cada uno de los integrantes de este “rito”, partiendo con Ponty, que nos mostró parte de su nueva placa, “The Atacama Experience” (titulado erróneamente “The Acatama Experience”), además de un clásico de Thelonious Monk, en donde amalgamó un sonido a veces más ligado a la música docta con el jazz.

Por su parte, Clarke efectuó un solo bastante similar con el que nos encandilara en su presentación en el Teatro Oriente. Más muscular, más poderoso, repitió el slip al contrabajo y, de paso, nos deslumbró con el riff ultra reconocible de ‘School Days’ para finiquitar con un poderoso blues, el que sacó una tremenda ovación al término de su incursión en solitario. Después, fue el turno para que un agradecido Al DiMeola nos mostrara parte de su nuevo trabajo, transcripciones a guitarra de uno de sus ídolos, el enorme Astor Piazzolla. Acá, lo que se lució fue el virtuosismo en extremo, con intrincados acordes y escalas, todas ejecutadas con gran maestría por el guitarrista y que también fueron ovacionadas por el público.

De esta forma, la cortina comenzaría a cerrarse con ‘Renaissaince’, en una versión que ratificó todo lo apreciado esa noche: la gran calidad de este trío de músicos, en los que se notó el tremendo nivel de comunicación entre todos, ya que mientras Clarke y Ponty hacían “dialogar” a sus instrumentos, Di Meola nuevamente recurría a veloces escalas y sonoridades muy “locales” para dar un brillo extra al tema.

Y así, tras un acalorado vitoreo por parte de los presentes, es que el rito nuevamente se realizó, esta vez para culminar definitivamente con ‘Mediterranean Sundance’, todo un clásico de Al DiMeola, el que sin duda fue un broche de oro para las más de dos horas de música de primer nivel.

Fue una noche fresca, ideal en estos tiempos en los que el calor apaga los ánimos y derrite las fiestas. En medio de la bulla capitalina, el rito de las cuerdas se escuchó más potente que nunca, mostrándonos que no hay nada mejor que el virtuosismo puesto al servicio de la música. Ojalá que siempre sea de esa forma, de la manera en que Clarke, Di Meola y Ponty nos mostraron esa noche. Un recital redondo.

Felipe Kraljevich M.
Fotos: Claudia Lazo.-

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