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Mike Portnoy: One last time

La última vez del baterista tocando a Dream Theater
Mike Portnoy: One last time

Jueves 19 de Octubre, 2017
Teatro La Cúpula

Michael Stephan Portnoy nació el 20 de abril de 1967 en Long Island, Nueva York. Un chico inquieto que despertó tempranamente su afición por la música y que logró el reconocimiento de todo el mundo con nada menos que 23 premios de la revista “Modern Drummer”, incluyendo “Mejor video educativo”, “Mejor grabación” y “Mejor baterista”. Sin embargo, el eximio baterista guardaba un secreto problema que lo aquejó por mucho tiempo, incluso mientras lideraba su proyecto más querido, Dream Theater.

Finalmente, y tras mucho tiempo de lucha, Portnoy pudo superar sus problemas con el alcohol. No fue un proceso fácil, por lo que decidió dejar un legado de su proceso de sanación titulado simplemente como “Twelve Step Suite” o también conocido como los “Pasos de alcohólicos anónimos”. Las canciones fueron repartidas a lo largo de cinco álbumes, marcando algunos de los temas más pesados en la carrera de Dream Theater. Fue así como, habiendo terminado dicho proceso con la banda, comenzaron sus dudas si continuar o no. Mike necesitaba un descanso, pero sus compañeros dijeron que querían seguir componiendo música, girando y en verdad no requerían ningún tipo de receso. Portnoy, con la convicción de que estaba en lo correcto, decidió dejar la banda, esperando -secretamente- ser reincorporado tras su descanso. La historia es conocida. Nada de lo que pensaba Mike ocurrió. Dream Theater siguió su camino sin uno de sus pilares fundamentales.

Es públicamente sabido que el baterista tiene un carácter difícil, tal vez demasiado sentimental, por lo que todos estos años ha atiborrado los medios con declaraciones tan escandalosas como contradictorias. Mike Portnoy cumplió sus 50 años y decidió celebrarlo tocando nada menos que su “Twelve Step Suite”, sin sus ex compañeros, sin la banda que tanto amó y que aún sigue extrañando.

Para la gira, Mike se debía hacer acompañar de los mejores músicos que pudieran llenar en algo la ausencia de LaBrie, Myung, Rudess y -sobre todo- de Petrucci, su gran ex amigo. Haken fue la respuesta a ese requerimiento, una tremenda agrupación de categoría mundial. El resultado todos lo vieron en el show en Chile, un concierto de gran factura técnica, de muy logrado sonido y de una ejecución casi perfecta. Mike Portnoy volvió a nuestro país, ese mismo en el que -otrora- lograran convocar en un show la mayor cantidad de fanáticos en toda su carrera.

Con puntualidad a las 21:00 horas, y con un Teatro La Cúpula casi completamente lleno, las luces se apagaron y un técnico salió a sacar el manto que cubrió la batería hasta el último momento. Poco a poco los músicos de Haken fueron saliendo a recibir –por primera vez- el aplauso de los chilenos, transformado en ovación cuando el recordado baterista piso el escenario, tomó posición y saludó a la fanaticada mientras sonaba ‘Regression’, si, la intro del más recordado álbum de Dream Theater. Sin más, el recinto se volvió una hoguera con las monumentales ‘Overture 1928’ y ‘Strange Déjà Vu’, el mejor comienzo para los fanáticos del “Metropolis Pt. 2”.



La performance de los músicos era fantástica, pero lo cierto es que todas las miradas estaban puestas en Mike. El baterista tocaba como siempre, escupía como siempre y cantaba como siempre. Era como si el tiempo no hubiese pasado por él y -si sólo nos enfocábamos en su persona- también era como revivir la mejor época de la banda estadounidense. Como si fuera poco, el show continuó con ‘The Mirror’, tema del “Awake” que no hizo más que emocionar aún más a los asistentes que pensaban erradamente que el show sólo recorrería los “pasos”.

En la primera pausa, Mike tomó su micrófono y saludó a los chilenos, demostrando todo el cariño que siente por esta tierra. Era hora de iniciar la travesía y ‘Reflection’, fracción de ‘The Glass Prison’, fue la primera estación. Los once temas restantes fueron sucediendo naturalmente, con el único detalle que para poder reemplazar a Petrucci, tuvieron que subir a escena tres guitarristas… si, tres guitarristas. De hecho, si bien la ejecución era perfecta, había algo extraño en el ambiente, una dicotomía al escuchar las canciones y ver lo que sucedía en el escenario. Haken y Portnoy tocaron magníficamente, pero no era Dream Theaer. El sentimiento de volver a ver la formación clásica se hacía más y más fuerte.

Tras la extensa odisea, vino el encore. ‘Home’ arremetió para continuar revisando el álbum de 1999, que continuó con la compleja ‘The Dance of Eternity’, tan compleja que el guitarrista principal, Eric Gillette, entró mal en un solo e hizo pensar aún más en la categoría de músicos que hay en Dream Theater. La banda que acompañó a Portnoy no era cualquiera… ¡era Haken! …pero así y todo resultaron difíciles las ejecuciones que pese a todo bordearon la perfección.

El show comenzaba a terminar con la gloriosa ‘Finally Free’, última instancia para corear canciones de Dream Theater junto a Mike, quien ya declaró que no habrá más oportunidades para verlo recordar su clásica banda sobre el escenario. Quizás por eso la fanaticada gritó tan fuerte el coro “¡One Last Time!”, prácticamente una plegaria en búsqueda de cambiar el futuro, uno que -conociendo el carácter del baterista y el cariño que aún le guardan sus ex compañeros- todavía no está escrito.

Si bien no llovió, Mike y Haken se reunieron en el frontis del escenario a despedirse de los chilenos mientras sonaba el clásico ‘Singin’ In The Rain’ de Gene Kelly. Es verdad que hubo sonrisas en los músicos y los fanáticos, pero era aún más cierto que ese era un momento profundamente triste, la última vez que se viviría esa experiencia, la última vez de Portnoy inserto en la música de Dream Theater, la última, a menos que -con el tiempo- los ex compañeros se den una última oportunidad.

Rodrigo Bravo Bustos
Fotos: Peter Haupt Hillock

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