Korkiplaani: Juerga, alcohol y rock & roll

El alegre bosque de los finlandeses en Chile
Korkiplaani: Juerga, alcohol y rock & roll

Jueves 10 de Diciembre de 2015 - Discoteque Blondie

Cuando las cosas se hacen de manera honesta, los resultados positivos siempre llegarán de una u otra manera. En este caso, los finlandeses de Korpiklaani han cultivado un estilo que no solo se condice con sus raíces folklóricas, sino que también ha concentrado la atención de un mundo de fanáticos dispuestos a entrar en ese juego de cánticos paganos, que rinden tributo a costumbres pasadas, al alcohol o a una sempiterna amistad. Se trata de un lenguaje universal, una necesidad del ser humano que va más allá de las razas, idiomas o banderas; una conexión que logra Korpiklaani con alegres ritmos pegadizos que contagian a cualquiera, más aun cuando el retorno a Chile marcaba el reencuentro con unos 500 seguidores dispuestos a bailar y cantar hasta el cansancio.

Una oscura Blondie que solo llenaba un tercio de su capacidad era el marco que esperaba a los antofagastinos de Folkheim, quienes, basados en su larga experiencia y un estilo que se hermanaba con el plato de fondo, logró rendir homenaje a un género que más tarde sería coronado con los músicos de Korpiklaani. Los chilenos sonaron fuerte y seguro, mostrando parte de su buen trabajo de 2012, “Mapu Ni Tiam”, e incluso un estreno: ‘Kiepja’.

Un poco más tarde, y apenas pasadas las 21 horas, los integrantes de la banda principal fueron subiendo uno a uno para interpretar las primeras notas de ‘Viinamäen mies’, hacer sentir la ovación del público y dejar para el final el ingreso de Jonne Järvelä y corear con fuerza el “hey, hey, hey!” clásico de dicha canción. De ahí en adelante las cosas no cambiaron mucho, los asistentes hicieron notar su condición de local, formando divertidos mosh y gastando sus gargantas mientras pasaban los 25 temas que sonaron esa noche. Sí, fue un show extenso, de varios pasajes, altibajos y una música tan energética que no dejó a casi nadie sin saltar.



En el aspecto técnico, el sonido -si bien no fue un problema- tampoco logró definirse completamente. A ratos se perdía el acordeón de Sammi Perttula o el violín de Tuomas Rounakari, pero en aspectos generales el ingeniero en sonido salió con nota azul. Por otro lado, el humo y las luces fueron casi el único apoyo visual, dado que la banda solo decidió poner de fondo una proyección de un bosque, imagen que no cambió en casi todo el espectáculo y que perfectamente pudo haber jugado un papel más protagónico. A la larga, detalles.

El setlist fue muy bien pensado y balanceado, repasando la discografía que nació por allá en 2003 y no dando espacio a baches o momentos aburridos. Algunos puntos altos fueron ‘Journey Man’, ‘Kantaiso’, ‘Kirki’ y ‘Viima’, porque en verdad desde ‘Vodka’ en adelante todo fue increíble. El público no dejaba de cantar, saltar o formar mosh, mientras que en el escenario las cosas tampoco eran tan distintas, con músicos que demostraron su profesionalismo, gran carisma y técnica impecable. El único detalle fue la voz de Jonne, que si bien posee un color de voz impactante, a ratos desafinaba, pasando desapercibido entre los coros de sus compañeros y -por sobre todo- de los chilenos.

Luego de las infaltantes ‘Rauta’, ‘Wooden Pints’ y ‘Tequila’, un poco más adelante vendría uno de los momentos más recordados de la noche. La foto de Phil ‘Philthy Animal’ Taylor fue proyectada en el fondo, para que un sentido Jonne dedicara unas palabras al recientemente fallecido ex baterista de Motörhead e interpretar el clásico de clásicos ‘Iron Fist’, y finalizar el setlist con ‘Happy Little Boozer’.

Luego de presenciar este tipo de shows, uno se pregunta de dónde salen tantas fuerzas para aguantar un set tan enérgico por casi 2 horas. La verdad la respuesta es la misma del comienzo, cuando las cosas se hacen de corazón, cuesta agotarse haciendo lo que a uno le gusta. Korpiklaani disfruta con su música, tanto como los fanáticos lo hacen en cada show; de ese modo no queda manera de dudar que el reencuentro vendrá pronto, más fuerte, más alegre y con un nuevo disco que agite las gargantas de fanáticos dispuestos a entrar en el bosque de la interminable fiesta.

Rodrigo Bravo Bustos
Fotos: Magdiel Molina

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