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Festival Desert Trip: La vanguardia es así

Una verdadera clase maestra de rock
Festival Desert Trip: La vanguardia es así

7, 8 y 9 de octubre de 2016Empire Polo Grounds, Indio, CaliforniaLos últimos meses no han sido fáciles para la familia del rock. En un breve lapso hemos sido testigos de una seguidilla de muertes de grandes figuras icónicas, tales como David Bowie, Prince, Glenn Frey, Keith Emerson, Lemmy Kilmister y Scott Weiland, entre otras. Es imposible no pensar en esto al momento de reseñar un evento de la magnitud del Desert Trip, el festival que reunió en un mismo escenario The Who, The Rolling Stones, Paul McCartney, Bob Dylan, Roger Waters y Neil Young.¿Por qué reunir ahora a todas estas piedras fundacionales de la música popular del siglo XX? ¿Por qué no hacerlo antes? ¿Fue un acto desesperado antes de seguir viendo cómo el paso implacable del tiempo se sigue llevando a los símbolos de la época dorada del rock a la tumba? ¿O en realidad se trata de una declaración de principios, un téngase presente, que busca resituar el espíritu contestatario del rock clásico en tiempos de sequía creativa y superficialidad artística?El Empire Polo Club fue el lugar elegido, en pleno desierto de Mojave, para realizar esta verdadero acto de comunión para la generación de los baby boomers, el que a la vez corre como rito de pasaje para el público más juvenil. Es en esta misma locación donde año a año se organiza el festival de Coachella, el cual reúne a los artistas más destacados de la escena musical contemporánea. La organización del evento estuvo a la altura, con entradas expeditas para el público, casi sin presencia de policías, una amplia oferta culinaria para todos los gustos, zona de camping, baños cómodos y limpios en distintos puntos del recinto (a diferencia de los típicos baños químicos insalubres que vemos en los conciertos en Chile), y una buena onda generalizada que se percibía a todo momento.

El día viernes, con el crepúsculo de la tarde, Bob Dylan abrió los fuegos. Con un sonido impecable y cuatro pantallas gigantes comenzaron a sonar los acordes de 'Rainy Day Women 12 & 35', el primer tema del imprescindible "Blonde on Blonde" de 1966. El show de Dylan mostró variantes no vistas en sus últimos conciertos, en temas como 'Desolation Row', 'Masters of War' y 'Highway 61 Revisited', lo que indica que pensó un setlist más cargado a los clásicos para esta ocasión, dejando de lado la impronta más espontánea y de improvisación que caracterizan las presentaciones del norteamericano desde hace décadas. A pesar de todo, el show pareció no encajar completamente con el ambiente festivo que se respiraba en el lugar, por su corta duración y por la escasa interacción con el público.A continuación fue el turno de The Rolling Stones. Bastaron solo dos canciones, 'Start Me Up' y 'You Got Me Rockin'' para poner de cabeza a la audiencia que, de la mano de Mick Jagger y un a ratos flojo Keith Richards, se subió arriba de un verdadero tren de emociones mezcladas que los llevó por lo mejor del extenso catálogo de los británicos. Un detalle a destacar: por primera vez la banda interpretó en vivo una versión de 'Come Together' de The Beatles. Es imposible no preguntarse el por qué de este gesto. ¿Habrá sido una manera de reconocer la calidad de Primus Inter Pares de los de Liverpool? Claramente, quedará a merced de la interpretación de los historiadores del rock o la que cada uno quiera hacer.

La segunda jornada, marcada por una mayor afluencia de público, se inició con la presentación de Neil Young. El oriundo de Toronto, Canadá, cargaba a cuestas con algunas críticas que lo tildaban de "invitado de piedra" en el contexto del evento, supuestamente por no contar con el mismo nivel de popularidad y tonelaje de otros de demás invitados. El viejo Neil se paró sobre el escenario del Desert Trip con la tranquilidad y el oficio que te entregan 50 años de carrera musical, y desplegó uno de los conciertos más intensos y electrizantes del fin de semana. Utilizando una lógica gradual, de menos a más, comenzó primero revisando parte de su etapa marcada por el folk y las guitarras acústicas, con melodías pausadas e íntimas como 'Heart of Gold' y 'Harvest Moon', para luego dar paso a los sonidos más rockeros, acompañado de su actual banda Promise of the Real, recibiendo la devoción total de la audiencia, confirmando su status de leyenda viviente, y de paso haciéndose cargo con holgura del título de "Padre del grunge". Sin lugar a dudas, un punto álgido de todo el festival.A continuación y con el cartel de favorito, apareció en escena Paul McCartney, quien no tuvo mayores dificultades para echarse al bolsillo al Empire Polo Club con su gigantesca e infalible avalancha de hits. Acompañado de la banda que lo sigue hace más de una década, recorrió su ya archiconocida y celebrada carrera, cubriendo desde la etapa con The Beatles, pasando por Wings, hasta su colaboración con Rihanna y Kanye West en pleno siglo XXI.Todo hacía esperar un show predecible y calculado, aunque no por eso menos notable. Sin embargo, Paul, gran conocedor de su oficio, comprendió perfectamente el contexto y el sentido del evento en el que se encontraba y sacó una carta bajo la manga que dejó a todos simplemente en shock. Luego de tocar 'Being for the benefit of Mr. Kite!' -del imprescindible "Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band"-, invitó al escenario a Neil Young para interpretar 'A Day in the Life' otro himno del mismo album. El lugar sencillamente se vino abajo. No quedando satisfechos con eso, ambos se despacharon una notable versión de 'Why Don't We Do It In the Road?', que nunca había sido tocada en vivo, dejando así una postal rockera imperecedera para quienes tuvimos la fortuna de estar ahí.

La jornada final del día domingo estaba cargada de expectación. Corría el rumor en los días previos que Roger Waters podría invitar a David Gilmour al escenario, quien estaba entre los asistentes en la zona VIP, para materializar una nueva reunión de Pink Floyd, lo que finalmente no ocurrió.

Pero previo a la maquinaria teatral y tecnológica de Waters, era el turno de The Who. Daltrey y Townshend incendiaron el escenario del Desert Trip con una performance visceral y descarnada, emotiva y penetrante, pero por sobre todo, resistente al paso del tiempo. Un paseo por las melodías evocadoras de la onda mod de los 60 en canciones como 'I Can See for Miles' y "The Kids Are Alright', un mensaje politizado en la introducción de "Quadrophenia" con imágenes de los grandes conflictos sociales del último medio siglo, y un repaso con maestría por algunos fragmentos de "Tommy", la gran ópera-rock de 1969, fueron algunos de los episodios que pudimos ver en escena en las casi 2 horas que duró la presentación de los londinenses.The Who siempre se caracterizó por su potencia en vivo, la que quedó inmortalizada en los azotes que Townshend propinaba a su guitarra y el grito desgarrador de Roger Daltrey hacia el final de 'We Won't Get Fooled Again', tomándose la garganta como si se le fuera a caer al piso, como si fuera la última canción de su vida. Un show inolvidable y de primer nivel, que desgraciadamente aun no hemos podido ver en Chile.

El cierre estuvo a cargo de Roger Waters, quien realizó una presentación impecable y grandilocuente en lo sonoro y lo audiovisual, con un par de sorpresas para los fanáticos en canciones como 'One of These Days' y 'Fearless', y descansando fundamentalmente en los cimientos básicos que hicieron grande a Pink Floyd en la década del 70, esto es, los discos "Dark Side of the Moon", "Animals", "Wish You Were Here" y "The Wall". Las alusiones políticas no estuvieron ausentes, con fuertes mensajes contra el candidato republicano Donald Trump, a quien acusó de "cerdo fascista" entre otros epítetos desplegados en las pantallas.A la hora de los balances globales del festival, es necesario poner contexto las expectativas previas. En la prensa especializada se habló mucho de que el Desert Trip era una especie de cementerio de elefantes, un resumidero de viejas glorias del rock que tienen poco que decir en la escena musical de hoy. Todo ese análisis, bastante ramplón, no se corresponde con lo que de verdad ocurrió.Más allá de las cifras, fuimos testigos de un acto de honestidad brutal en el escenario de Indio, California. Aquellos sonidos peligrosos, estridentes, sucios, rebeldes, sexys y políticamente incorrectos que escandalizaron al mundo a mediados del siglo pasado se materializaron a cabalidad en los tres días que duró el espectáculo, con plena vigencia. Un encuentro de generaciones, una clase magistral del sentido real de la música en general y del rock & roll en particular, a cargo de un puñado de sus hijos prodigios, de los sobrevivientes, a estas alturas casi inmortales. No es exagerado entonces decir que, efectivamente, este fue el "Festival del Siglo".Cristián Méndez