Cumbre Tajín: Un cartel de lujo en un evento místico

Cumbre Tajín: Un cartel de lujo en un evento místico

19 al 23 de marzo. Veracruz, México

 

La Cumbre Tajín puede fácilmente ser el festival cultural más exótico de toda América Latina. La fecha de celebración la determina el equinoccio de primavera y su nombre se lo da la antigua ciudad del trueno de los Totonacas, habitantes originales de la región de Veracruz en México. 

 Llegar por tierra tarda unas cuatro horas desde el Distrito Federal, pero cuando se trata de la Cumbre la llegada se alarga. Parte de lo exótico es que, a pesar de sus bien conservadas pirámides, los municipios de la región no cuentan con la infraestructura turística para recibir a la cantidad de personas que llegan para ver a sus bandas favoritas. Por allí han pasado en los últimos años Tool, Puscifer, Primus, Tomahawk y Blind Melon, latinos como Babasónicos y Aterciopelados, además de mexicanos como Café Tacvba y Caifanes, y unos cuantos más de norteña, electrónica, música tropical y pop.

 No obstante, la diferencia con otros festivales es que por jornada se presentan en un único escenario cinco o seis agrupaciones cuando cae la tarde, pues el resto del día los visitantes disfrutan de actividades como talleres en los que se aprenden danzas y oficios típicos de México, muestras gastronómicas y proyección de documentales, además de presentaciones diarias de los voladores del pueblo mágico de Papantla, aquellos indígenas que descienden del cielo en un ritual declarado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por Unesco.

 En la pasada versión, realizada del  19 al 23 de marzo, hubo dos días dedicados al rock. El 20 estuvo encabezado por Incubus, en compañía de The Flaming Lips, The Cold and Lovely, The Ghost of a Saber Tooth Tiger (The Goastt) y Sak Tzevul; y en el cierre estuvieron Maldita Vecindad, El Tri y Santana, que fueron vistos por una multitud, por tratarse de emblemas del rock mexicano.

 Para el día de Incubus, ni siquiera la banda se salvó de sufrir los imprevistos apenas normales para un evento así. Entusiasmados porque iban a conocer las pirámides de El Tajín, el atractivo turístico por excelencia, sufrieron las consecuencias de un accidente que hizo alargar el recorrido a unas siete horas y cancelar cualquier plan diferente a subir a tocar a la tarima.

Los otros artistas corrieron con mejor suerte, y no solamente hablaron con la prensa de forma relajada, sino que fueron como cualquier mortal a conocer las pirámides, las mismas en las que Björk había hecho un ritual en el 2012, cuando fue cabeza de cartel y el mal interpretado pronóstico del fin del mundo que vaticinaban los mayas estaba latente. Esta vez el equinoccio ocurrió el 20 de marzo a las 10:45 P.M., justo antes de Incubus, que dio inicio oficial a la primavera.

 En la Cumbre, las mujeres no usan maquillaje y por el clima cálido todos andan con ropa liviana. Se puede hacer yoga, pero también comprar artesanías e incluso hay una zona dedicada a cuanto masaje y terapia alternativa exista llamada el ‘nicho de la espiritualidad’, un evento donde incluso los más famosos saben que van a liberar sus demonios, algo que se nota en la tarima y en el público, que asiste muchas veces sin saber dónde dormirá, pero que sabe que tendrá una experiencia que no se vive en ningún otro festival del mundo.

Renata Rincón

Fotos: Emilio Barriga

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