Celebrating David Bowie: un sueño incompleto

Una aproximación correcta y parcial al legado artístico del Camaleón

Martes 23 de noviembre, 2018
Teatro Nescafé de las Artes

Cuando se supo de este espectáculo en la antesala del último show que Steven Wilson dio en el país, inmediatamente se creó una expectación inusitada. Casi utópica. No se trataba de músicos cualquiera tratando de facturar algunos dólares con el legado indeleble de David Bowie ni una banda tributo de poca monta, sino de músicos cuidadosamente seleccionados que, citando a uno de los capitanes de esta aventura, “en lo posible hayan tenido algún tipo de interacción o relación con él”. Las palabras son del mismísimo Adrian Belew, excelso guitarrista de intachable trayectoria (cuyo nombre aparece asociado a trabajos junto a King Crimson, Frank Zappa, Talking Heads, entre otros) que compartió con el Camaleón –tanto en estudio como en vivo–, y que sin duda fue una de las figuras más atrayentes de este concierto.

La banda comandada por el músico de sesión Angelo Budini (colaborador de Sting, que curiosamente estaba haciendo un show esa misma noche en el Movistar Arena), salió sin muchos aspavientos al escenario con una sola misión: honrar el legado de uno de los artistas más extraordinarios de la música popular universal. La celebración sorprendió de entrada con ‘The Stars (Are Out Tonight)’, una canción novel en el catálogo de Bowie (“The Next Day”, 2013) aunque no por ello menos emocionante. De inmediato, la melancolía se apoderó del lugar. Poco importaron algunas impresiciones en el sonido de los micrófonos o los sutiles cambios en algunos arreglos. La música que brotaba desde ese escenario construyó puentes hacia nuestro sistema nervioso, provocando una tensión de sentimientos, entre la alegría y la nostalgia por estar escuchando temas como ‘Moonage Daydream’, ‘Fame’ o ‘Rock ‘N Roll Suicide’, pero con la atenuante de no tener a su creador materializando el sueño completo.

Intencionalmente o no, el colectivo no echa mano a ningún truco iconográfico o audiovisual para traer la imagen de Bowie a tiempo presente y aumentar el impacto. Solo la música cumple ese rol emocional. Sin embargo, por el talante del homenajeado y su eterna inquietud artítica y visual es que la propuesta queda al debe en ese sentido. Por más que el histriónico Angelo Moore –vocalista de Fishbone–, desde que sale al escenario muestra sus dotes actorales y performáticos cambiándose constantemente de trajes y disfraces –emulando la capacidad inventiva del Camaleón de autoevocarse en distintas encarnaciones–, metiéndose entre el público, sorprendiendo con su desplante en el theremin, o bailando libremente tratando de encarnar al “starman” original, el cuadro se veía incompleto. Uno cerraba los ojos y sentía que tanto Moore como Paul Dempsey eran respetuosos en su labor vocal, sin intentar imitar y cantando con el corazón en la mano, pero seguían siendo de igual forma discretos (una palabra que es antónimo de Bowie). Y por más correctos que fueron los músicos en la interpretación de un catálogo de lujo que parecía una fantasía hecha realidad, canciones como ‘Golden Years’, ‘Life On Mars?’, ‘Sound And Vision’, ‘Ashes To Ashes’, ‘The Man Who Sold The World’, ‘Modern Love’ o ‘Rebel Rebel’ son demasiado colosales como para no advertir la ausencia del espíritu mágico del Duque Blanco, aún cuando sonaron fuertes y fueron coreadas con exaltación.

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Sin duda alguna el proyecto “Celebrating David Bowie” es más que un tributo. Lo que se percibió en ‘Starman’, ‘Space Oddity’, ‘Five Years’ o el final con ‘Heroes’ fue una comunión litúrgica que invocó al espíritu cósmico e incombustible de David Jones. Pero también, resulta una peligrosa aproximación temprana a una carrera artística tan polífica como la del británico. Un show en su homenaje necesita explorar y mostrar su espíritu megalómano y su energía demencial, con los efectos especiales escénicos necesarios para una pomposidad visual acorde a su estampa y a la fuerza atronadora de su música. Bonito todo, pero a una distancia sideral del legado artístico integral de David Bowie.

César Tudela
Fotos: Juan Pablo Maralla

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