Arcade Fire: Con algo que probar

Las canciones hablaron por sí mismas en su regreso a Chile
Arcade Fire: Con algo que probar

Lunes 11 de diciembre, 2017Movistar ArenaLa guitarra de palo está boca abajo, tomada del mástil por el kilométrico brazo estirado de Win Butler, el rascacielos humano con cara de póker que canta en Arcade Fire. Una gélida base programada acompaña su voz y acusa la influencia de pioneros electrónicos como los alemanes Kraftwerk o el italiano Giorgio Moroder. La canción se llama 'Put Your Money On Me' y, como fue la tónica con las selecciones del disco "Everything Now", sonó mejor en vivo que en su versión de estudio, favorecida por una banda capaz de enaltecer todo lo que toca. Intratables a la hora de dar conciertos majestuosos, los canadienses llegaron por segunda vez a Santiago tras conquistarlo con un show inolvidable en Lollapalooza 2014 que parecía difícil de igualar. Sin embargo, con el correr de los minutos, fue quedando claro que la marca anterior sería superada con largueza.Sucede que Arcade Fire volvió a Chile con hambre, con algo que probar, en plena desintoxicación tras la debacle promocional que significó "Everything Now", cuya estrategia de marketing terminó ensuciando el nombre del grupo, que nunca antes había experimentado un revés público. Su reacción al desastre publicitario fue detener la campaña y refugiarse en su principal fuerte, la música, dejando que las canciones hablen por sí mismas y se defiendan sin mayores artificios de por medio. Confiar en ellas es un acierto porque tienen épica, sustancia y un encanto que está en su código genético: ni siquiera una transformación como la de 'Sprawl II (Mountains Beyond Mountains)', que pasa de sintética a orgánica en la traducción del envasado al directo, altera su irresistible esencia pop. También ayuda que la cante Regine Chassagne, ama y señora del show, multiinstrumentista y por lejos la presencia más cautivante en la tarima. Con tantos músicos en escena, 920 kilos de humanidad como anunció un locutor al inicio, diferentes tipos de personalidades asoman durante la velada. Los hermanos Butler destacan por el contraste entre las formas que tienen de desenvolverse: Win posee un extraño carisma impávido, mientras Will es pura extroversión y corporalidad.El show de anoche refuerza la tesis de que sobrevivir un golpe tan fuerte -una crisis que incluso los llevó a despedir a su manager de siempre, entre otros asociados- fue lo mejor que pudo ocurrirle a Arcade Fire. Aparte de robustecerlos como entidad, la superación del mal trance ha sacado a relucir su lado brillante, la contundencia de un repertorio que no se mancha. Era cierta la profecía: son los U2 de su generación, la clase de banda ambiciosa, para bien y para mal, que hace y piensa todo en términos gigantescos. No será tan zalamero como Bono, pero cuando Win Butler canta 'Neon Bible', mientras todo el público ilumina el recinto con sus celulares, está ocupando el mismo espacio del irlandés: el de la estrella de rock preocupada por los grandes asuntos mundiales. Afortunadamente, esa llenadora arista es sólo una entre varias. Los de Montreal tienen facetas para elegir: los ahijados de Bowie que le dedican 'The Suburbs', la agrupación multicultural que cita las raíces haitianas de Chassagne en 'Here Comes the Night Time', los hijos pródigos del nicho indie con clásicos como 'Wake Up' y 'Neighborhood #3 (Power Out)' a su haber, los adoradores de la música disco y el R&B que asoman en 'Everything Now' y 'Electric Blue'. El listado es tan grande como las aspiraciones de Arcade Fire, cuyo negocio no son las canciones, los discos y los conciertos, sino los himnos, las experiencias sonoras y las noches de antología.Andrés PanesFotos: Peter Haupt Hillock

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