Cómo Talar un Alerce: Decir sin hablar

A fondo con una revelación local del 2017
Cómo Talar un Alerce: Decir sin hablar

Dos intereses se combinan en las canciones de Cómo Talar un Alerce, el vehículo creativo de José Antonio Mena. En primer lugar, el excursionismo, una consecuencia de su origen. "Viví toda mi vida en un cerro en una parcela en Lo Curro. No había un centímetro plano. Como nunca fui bueno para la pelota, mi papá me llevaba a subir cerros. Me encanta subir cerros", comenta sobre una pasión que ha saciado siendo scout y colaborando con Andeshandbook, un proyecto de documentación andina, como editor de rutas y columnista.

El debut homónimo de Cómo Talar un Alerce, uno de los mejores discos chilenos del año pasado, tiene según su autor "una onda como medio leñadora. Una búsqueda de alejarse de la urbe, de la modernidad, una añoranza por elementos que hoy ya no están presentes, o que son difíciles de encontrar en la ciudad, como el crepitar del fuego, la lucha contra la naturaleza. La ciudad es eso: tecnología que nos exime de luchar con la naturaleza para poder comerciar. También hay una añoranza por cierto tipo de violencia ancestral, por el rollo de talar, de los cuchillos. Por eso al comienzo de 'Cómo matar al asador' hay una pelada de cable de YouTube, un tutorial para afilar cuchillos, que es un poco de humor sin afán asesino, así como el nombre Cómo Talar un Alerce, que es tan promotor de la tala de alerces como Moby Dick lo es de la caza de ballenas. Es un nombre poético entre la frustración y la añoranza culpable de una lucha que ya no se vive, la culpa de vivir en la comodidad, en el aburrimiento, en la soledad. En la vida que todos conocemos".

El segundo interés de Mena es el impresionismo: "Me gustan Debussy, Chopin y Ravel porque propusieron cosas nuevas, le daban libertad al intérprete para soltar la rigidez de los tiempos. Usaban el rubato, que es la variación del ritmo, acelerándolo o ralentizándolo, son tiempos imprecisos y cuesta tocarlos con una orquesta. La importancia está en las texturas y los colores, y lo que me gusta es que la música adquiera un color subjetivo. Cuando escuchas la música de un impresionista, sientes que tienes una ventana a la mente y al corazón de gente con una visión muy poco científica de la realidad. Es como pinta un cuadro sin ganas de que parezca una foto. La propuesta es tan subjetiva, que puede llegar a ser política. Yo quiero mostrarte mi visión distorsionada de la realidad, más allá de mi sensibilidad estética o de nuestras discrepancias musicales".

Desafiar convenciones fue uno de los lemas de su método de trabajo: "El disco fue un experimento. Se hizo todo al revés de como se hace normalmente, que es madurar canciones e ir al estudio cuando ya están listas. A mí me llegó una plata y decidí hacerlo al revés, usando el estudio para experimentar. Trabajamos diez horas a la semana durante diez meses y me iba con pega para mi casa y trabajaba allá también. Así fueron apareciendo colores impredecibles, revelaciones como el clarinete de 'Últimos días en casa' y 'Los viejos'. No nos sujetamos a las estructuras convencionales del formato canción como lo hacía en mi otra banda, entonces el disco resultó más caprichoso. Nunca hubo una conciencia de hacer algo radial, todo estuvo liberado del yugo de esos parámetros. El capricho se tradujo en cantar como si la voz fuese un instrumento, salvo por un trozo de 'Últimos días en casa' sacado de 'London Bridge'. El resto son sílabas sin sentido".

"Cómo Talar un Alerce" empezó a gestarse en un período de disconformidad de Mena con su banda, Don Gavino, provocado por las dificultades de querer profesionalizarse en un ambiente amateur. Aunque no tiene estudios formales de música, el ex estudiante de sociología abandonó la carrera para dedicarse por completo a tocar. Su concentración es total: da clases a niños y adultos, y ya cuenta con experiencia en el cine, musicalizando la comedia negra "Ambiciones mediocres". No es casualidad que, a ratos, su debut suene como música incidental: "Siempre tuve en mente que la música de Cómo Talar un Alerce debiese ser compatible con la sincronización de imágenes. Me encantaría hacer el opening de una serie, por ejemplo. Hay muchos momentos cinematográficos a lo largo del disco".

Cómo Talar un Alerce es una respuesta deliberada a Don Gavino y su propuesta rockera: "Decidí trabajar en otro tipo de composiciones de guitarra. Por eso es instrumental y sin distorsiones, con percusiones livianas. Quería hacer un proyecto con otros referentes, más íntimo, menos gritón, menos adolescente. Aparte de mí, los dos músicos más involucrados en Cómo Talar un Alerce son Lucas Harcha y Cristián Bravo. Uno viene de tocar jazz y hip hop, el otro es un pianista de jazz. Aunque el disco tiene composiciones mías, el resultado es colectivo por la cantidad de instrumentos que hay, por la cantidad de invitados, todos pusieron de su cosecha en lo que estaba sonando. Hay trompetas, clarinetes".

Nacido en una familia burguesa, Mena estudió ingeniería dos meses para complacer a sus padres. 'Últimos días en casa' no podría ser más autobiográfica: refleja los vaivenes emocionales que sintió al dejar la casa en la que creció. Sus canciones constituyen una verdadera bitácora instrumental: "Hay al menos tres partes en 'Quiero bañarme en ese río'. Ese tema partió para mí como una oración en charango, pasaba horas tocándola como un mantra. Fueron los primeros acordes que me aprendí en charango, no tienen nada de novedoso. Con mi hermano y su familia, nos fuimos a acampar al sur para el 18 y ahí le puse una línea melódica. El paisaje que yo estaba viendo ahí, el valle del río Achibueno en Linares, está muy presente en el concepto musical. El crepitar que suena ahí es real, de una noche ahí, compartiendo un vino con mi hermano y sus hijos. Lo grabé con mi celular. Es mi vida en la música".

De su amor por el aire libre dejó más de un testimonio: "Otra que salió viajando fue 'Panama Papers', que es un bossa y es como easy listening. Con el Pascual (Cortés, trompetista del disco) nos fuimos a acampar en la cordillera, en Rancagua, y siempre llevamos guitarra y trompeta, así salió esa base. 'Matar al asador' fue lo mismo. Viajamos con Pascual a la Carretera Austral en bici y la melodía de la trompeta me anduvo torturando ochenta kilómetros de pedaleo".

Sin decir una palabra, en 'Canción de cuna para Miguel Krassnoff', Mena incluso habla de política: "Partió con una nota de voz mal tocada en el celular para no perder la idea. Era algo súper plácido, una guitarra que a mí me daba sueño. Pensé que sería una canción de cuna, pero se empezó a poner cada vez más rara, como que le negaba al auditor esa paz que se necesita para poder dormir y le inducía una pesadilla. No era nada terrible, pero tampoco era 'Duerme negrito', entonces caché que iba para ese lado y me propuse exacerbar ese rasgo medio perverso que estaba adquiriendo. Ahí decidí que había que regalársela a alguien que todos queremos que duerma mal. Primero se la dediqué a Jovino Novoa, pero después sentí que había tipos más malos todavía. Por eso terminó siendo de Krassnoff".

Mientras suma oyentes gracias a las menciones en recuentos del 2017, el excursionista-impresionista ya prepara un segundo trabajo del que ya adelantó la colosal 'Desierto florido', aunque el álbum vería la luz recién a fin de año. Modesta, pero entusiasta, la recepción de "Cómo Talar un Alerce" resultó ser todo el impulso que necesitaba: "No la rompe en Spotify con miles de reproducciones, pero le gusta a los que lo han escuchado. Una amiga hizo su tesis escuchándolo, se dejó acompañar, permitió que el disco estuviese en su casa. Eso es increíble para mí, totalmente novedoso. Es el resultado más bacán que me podría imaginar".

Andrés Panes

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