Whitechapel

Whitechapel

2012. Metalblade

Hace dos años, Whitechapel interrumpía la industria con “A New Era Of Corruption” (2010), el álbum más sólido de los oriundos de Tennessee. El desafío por superar aquella marca era alto, pero la banda encabezada por Phil Bozeman (voz) decidió correr el riesgo desde una arista diferente con su disco homónimo.

 

Un tibio y melancólico piano, secundado por tímidos acordes de guitarra acústica, dan la partida al CD con ‘Make It Bleed’. Desde el primer minuto se nota el ambicioso proyecto de los americanos, que si bien no se despegan de su sonido original, suman variantes para un esquema diferente. ‘Hate Creation’, canción escogida como primer single, evoca los potentes guturales de Bozeman como piedra angular  junto a los riffs de Savage y Wade en las guitarras.

 

‘(Cult)uralist’ y ‘Section 8’ marcan el regreso a la vieja escuela de Whitechapel, extrayendo ese estilo particular de “This is Exile” (2008). ‘I, Dementia’ es el punto de inflexión dentro de los tracks, que si bien mantiene el tempo que caracteriza al deathcore, se une con beats que no vienen a lugar en la línea a la cual nos acostumbraron. Ben Harclerode,  ex Knights Of The Abyss y baterista de Whitechapel desde el 2011, se lleva todos los créditos con ‘Faces’ y ‘Dead Silence’, con perfecto y cómodo dominio en los blast beats. Las melodías que acompañan como background en las canciones, siguen la doctrina de la nostalgia que se desarrolla a lo largo del LP.

 

El corto y potente ‘The Night Remains’ da paso a secuencias vocales más limpias de Bozeman, recurso que no es muy explotado. La instrumental ‘Devoid’ logra un perfecto trabajo en las guitarras, con largos y pausados riffs pero con una innegable contundencia. ‘Possibilities Of An Impossible Existence’ evidencia, desde una óptica un tanto extremista, el sonido más comercial del sexteto.

 

El piano, al final del último track, deja un vacio dentro de los que conocemos la historia de Whitechapel. Buscamos inmediatamente culpables por el giro dentro de la esencia de la banda, que en sus tres anteriores trabajos era pura solides y potencia. Muchos apuntan a Mark Lewis (productor) como el máximo responsable de este sutil cambio. Otros por su lado, creen que es parte de la ambición por abarcar nuevos mercados. Yo quiero creer que es parte del proceso de maduración que toda agrupación debe experimentar. Es de valientes querer romper un poco el molde que tantos frutos dio. Whitechapel pasó la prueba en primera instancia y habrá que esperar algunos años para ver si la cosecha termina por satisfacer a todos. 

 

Por Nicolás Pereira 

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