The Ecstatic Music of Alice Coltrane Turiyasangitananda

The Ecstatic Music of Alice Coltrane Turiyasangitananda

2017. Luaka Bop

No es fácil construir una obra viviendo bajo el nombre de un personaje tan colosal como John Coltrane. Sin embargo, la discografía de Alice Coltrane (1937-2007) goza de una independencia y originalidad que en ningún caso puede verse opacada por quien fuese su marido durante el breve periodo comprendido entre 1963 y 1967, año en el que lamentablemente el eterno saxofonista dejaría de existir a la temprana edad de 40 años. Las piezas de Alice forman, por sí mismas, un universo único y propio, que se impone no solo por méritos meramente formales, tal como introducir el arpa al mundo del jazz más libre, sino también por deslumbrar con otras notables virtudes. Entre ellas, su instintiva ejecución del piano, a pesar de haberse educado en el mundo docto, lo cual se aprecia en gran parte de “Ptah, The El Daoud” y  “Journey in Satchidananda” (ambos grabados en 1970), discos en los que se acompañaba por el saxo tenor de Pharoah Sanders, mismo músico que integró varios de los discos del período final y más experimental de John Coltrane. Además, su labor de digitación pianística la extendió hasta el órgano, utilizando de aquellos de dos o tres pisos, siendo el instrumento principal en el monumental “Universal Consciousness” (1971), álbum que es, probablemente, otra de las cumbres sonoras de la insuperable década de los setenta.    

Este disco póstumo se basa en otro de los elementos distintivos de Alice, quizás el más importante: lo espiritual, la búsqueda inclemente de una trascendencia que supere la existencia meramente física, la apertura infinita de la conciencia a través de la alimentación del espíritu. Una especie de continuación de las enseñanzas e interrogantes místicas inculcadas en ella por el mismo John Coltrane -quien ya iluminado había estudiado el Corán y el Baghavad Gita-, y que luego profundizaría bajo la dirección y sabiduría de Swami Satchidananda, el mismo monje que abrió el festival de Woodstock de 1969. Ambos generarían en Alice un ansia de divinidad que musicalmente plasmaría en sus tres posibles capas: En el Nivel Inconsciente o Tácito, el que se desprende de la música como creación inmaterial; En el Nivel Consciente o Expreso, al crear música derechamente espiritual, aquella que tiende a escarbar en el alma la existencia de fe, y que se aprecia en antiguas piezas como ‘Isis and Osiris’ o ‘Hare Krishna’, un estilo que fue revisado por los mismos Sunn 0))) en “Monoliths And Dimensions” (2009); y en un tercer Nivel, que se puede denominar como Religioso, es decir, música compuesta con el objetivo directo de alabar a una determinada divinidad, y que fue decididamente próspero en discos como “Turiya Sings” (1982), “Divine Songs” (1987), “Infinite Chants” (1990), y “Glorious Chants” (1995), mismos álbumes que dan origen a las pistas inéditas de la presente publicación.

Alice decantó su espiritualidad por una de las tantas ramas del Hinduismo, el Vaishnavismo, corriente creyente en Krishna y que estima que toda persona en sí misma goza de una existencia eterna. Es por esta devoción que decidió cambiar su nombre, haciéndose llamar en su labor de líder espiritual como Turiyasangitananda -razón por la cual aparece ese extenso seudónimo en el disco-, e incluso creando su propio templo, lugar del cual emanaron los presentes cantos devocionales,  rituales mántricos conocidos como bhajans, siempre entonados en sánscrito, y en los que aparecen palmas y panderos, voces innumerables de adultos y niños, así como el celestial drone de sintetizadores en pistas como ‘Om Rama’, ‘Rama Guru’ o ‘Hari Narayan’. Sin embargo, es en pistas como ‘Om Shanti’, ‘Rama Rama’ o ‘Er Ra’ donde sobresale la enorme capacidad expresiva de Alice, piezas de un canto de influencia oriental, en las que su voz, insondable y majestuosa, se acompaña de infinitos campos electrónicos, de pequeñas percusiones o del siempre inmaculado sonido del arpa. Aún más interesante aparece el revisionismo de ‘Journey in Satchidananda’, así como la meditación de final fúnebre o reencarnacionista de la extensa ‘Keshava Murahara’. Alice Coltrane, a pesar de seguir una fe determinada, nunca dejó de abrir sus puertas a todas las creencias o visiones, su música es de aquellas en las que todos somos bienvenidos, su búsqueda, al igual que la de John Coltrane, era la del amor supremo.

Carlos Navarro A

Contenido Relacionado